martes, 24 de marzo de 2015 0 comentarios

En tiempo de elecciones...

Estamos en tiempo de elecciones. Tiempo de promesas, de amistades interesadas y de sonrisas forzadas. Es tiempo de interesarse por los demás, de sus necesidades, de sus problemas, de sus tristezas y de sus esperanzas... Y es tiempo de promesas. La vida se torna en este tiempo en propagandas y discursos, que tienen infinidad de colores y de matices. Es un tiempo interesante si no llegase rápidamente el tiempo del olvido. Ya se sabe que "el hombre promete y promete hasta que..." consigue su objetivo. Después todo y todos somos prescindibles. Pasado este tiempo llegará el tiempo del gobierno para el pueblo pero sin el pueblo. Y es que el ser humano tiene una curiosa capacidad para saber que es lo que los otros necesitan y, de repente, erigirse en salvadores del mundo y lideres que desean arrastrar grandes masas. O ese es el objetivo. Todo gobernante desea ser admirado, temido y respetado, pero se olvida que lo más importante: que gobernar significa olvidarse de sí mismo y poner el interés común por encima de todo, incluso de las ideologías e intereses personales. El liderazgo no reside en la persona que ostenta el poder y lo ejerce "por el bien de todos"; sino en la que es capaz de situarse al lado de la gente, escuchar a las personas y tomar decisiones que liberen y que mejoren la vida y la sociedad. Eso fue lo que prometieron, pero cuando llega el momento prima más el miedo a perder ese respeto, o más bien el poder, que la coherencia y el honor personal. 
Sueño con un mundo en donde nos escuchemos y acompañemos. Con una estructura donde no estén "los otros" y "los mios", donde no se manifieste la división sino la unidad. Donde los otros no sean contemplados como los malos porque no son de los mios que, naturalmente, son los buenos de la película. Sueño con un gobierno en donde los líderes dejen paso y espacio a otros cuando se agoten las ideas y las fuerzas y en donde se ejerza una verdadera oposición leal, sin rencillas personales ni proyecciones de heridas o traumas psicológicos. Sueño con una estructura en donde no se aparte a nadie porque piensa diferente o porque tiene éxito y "me puede hacer sombra". Ojalá, un día, mis sueños en este aspecto, se puedan hacer realidad.

"Líbranos, Señor, de los salvadores del mundo,
de las personas que desean gobernarnos "por nuestro bien".
Danos, Señor, líderes que sean capaces de escuchar y de acoger, 
de anteponer el bien de todos,
especialmente de los más débiles,
y de olvidarse de sí.
Danos, Señor, líderes que vivan en la verdad, el honor y la lealtad,
que trasmitan confianza y que respeten la diversidad y sepan acoger.
Que no busquen tanto ser recordados,
sino trabajar por mejorar y hacer crecer a las personas."
Amén.
jueves, 19 de febrero de 2015 0 comentarios

Amor con amor se paga

Comenzamos la cuaresma 2015. Un tiempo privilegiado para ponernos en manos del Señor de nuestra vida y pedirle que nos continúe regalando su amistad y su presencia. Pero sobre todo es un tiempo para acercarnos más a Él. "Nadie tiene Amor más grande que el que da la vida por sus amigos..." y nadie siente Amor más grande que aquel que se siente amado y perdonado. En esta cuaresma dejémonos en sus manos. Que Él nos sane de nuestras heridas y que nos acompañe en nuestras luchas. Abramos nuestro corazón a ese Amor que se regala y que nos llena el corazón hasta rebosar. Y entreguemos ese amor a aquellos que nada tienen. Que seamos sus manos, su sonrisa y su mirada llena de ternura y misericordia.
lunes, 12 de enero de 2015 0 comentarios

Un nuevo año, lleno de oportunidades

Hace casi un año que no escribo. Y no ha sido porque no tenía que decir, sino todo lo contrario. Ha sido un tiempo de reflexión intenso y de oración. Un tiempo en el que se han afianzado algunas certezas y donde se han extinguido algunos miedos y amenazas. 
Y es que necesitamos, de vez en cuando, en nuestra vida, un tiempo privilegiado para parar y pensar, evaluar, rezar, meditar y colocar las cosas en su sitio. Con esto no digo que lo tenga todo claro, ni muchísimo menos, pues en este tiempo también han crecido nuevos miedos e inseguridades, nuevos retos, pero algo se alza con mucha más fuerza y con mucho más empuje en mi corazón. Por eso doy gracias, por este tiempo pasado y por el que queda por venir.

Dedicado a una muy buena amiga.
martes, 18 de marzo de 2014 0 comentarios

CREENCIA E INCREENCIA, ¿EN QUÉ CREES?

Me gustaría compartir una carta abierta, a unos amigos, pero que puede ayudar a reflexionar juntos sobre un tema de actualidad: creemos y ¿en qué creemos?

Por otro lado, quisiera que reflexionaseis sobre la siguiente cuestión: parece que si cualquiera habla de estos temas, ha de ser respetado, pero si lo hace un sacerdote, entonces pensamos que nos quiere comer la cabeza, nos quiere engañar, suena a rancio y trasnochado. Quisiera que mis palabras las leas desde la siguiente óptica: escribe un creyente que se ha formado durante muchos años en estos temas y tiene una titulación universitaria superior que lo avala. Además, es una persona que ha dado suficientes muestras de tolerancia y respeto y lo sigue haciendo.
En primer lugar: el lema de los escolapios es “Piedad y Letras” es decir, “ciencia y fe”. Este es el lema y el sentido último y profundo de todas las Escuelas Pías, fundadas por Calasanz en plena contrarreforma de la Iglesia. Recordemos que en todo el mundo, en ese turbulento siglo XVII, se estaba dando un movimiento de reorganización social de los estados producido por la reforma protestante realizada por Lutero. El concilio de Trento promovió una serie de respuestas institucionales dentro de la Iglesia, y por lo tanto, en la sociedad de entonces (recordemos que en esa época Iglesia y Estado estaban íntimamente unidos). Una de ella promueve la formación del clero. Hasta esa época, la mayoría de los cristianos lo eran por efecto sociológico, es decir, el estado era cristiano y todos los ciudadanos también, pero no por convencimiento o fe, sino por inercia y/o imposición. Este efecto lo seguimos padeciendo en países como el nuestro: todos, o casi todos, somos cristianos porque es una tradición en nuestra sociedad. Pero ya sabemos que estar bautizado (ser cristiano) no es necesariamente ser cristiano. Esta es el primer error que muchos cometen. Piensan que por el hecho de estar bautizados ya están capacitados para hablar de catolicismo y religiones, sobre todo porque piensan que la religión cristiana se reduce al contenido de las catequesis que recibieron de niños. Esto lo digo muy en serio: a lo largo de mi vida he tenido que dialogar con personas que, de una forma visceral en algunos momentos, me discutían elementos nucleares de la fe argumentando tesis sacadas de los libros de texto de la catequesis de la primera comunión o de lo que se “dice y se comenta” en las tertulias de sobre mesa de muchos hogares. Por lo tanto, no todos los bautizados son cristianos y no podemos tratarles de esta forma; ni todos los bautizados tienen una formación mínima y rigurosa en su propia fe.
Es segundo lugar, esta contrarreforma de Trento tiene una concreción en el renacimiento de la ciencia. Digo renacimiento de la ciencia, porque ya en época griega, muchos filósofos eran grandes científicos. Esto, históricamente tiene un efecto en la sociedad que, falta de formación, ve peligrar sus creencias. La teoría evolutiva atenta contra el relato de la creación del génesis, por ejemplo. Pero cualquier persona formada sabe que el relato de génesis es una metáfora de la creación y que la teoría de la evolución no puede negar que para el surgimiento de la vida hubo de incurrir un elemento para el que no hay explicación científica, producto de un efecto “sobrenatural” es decir: no explicable empíricamente.
En este ambiente, las Escuelas Pías intentan ser testimonio que la ciencia y la fe son compatibles. La fe es razonable, es decir, contiene unos elementos que la explican (por qué creemos en Jesús, como entendemos a Dios como Trinidad, cual es la concepción del ser humano, como es la relación entre Dios y el ser humano…) todo ello es explicable. Y por otro lado, como la ciencia nos ayuda a entender la naturaleza, el mundo que nos rodea y como funcionan las dinámicas naturales. Desde el inicio, las Escuelas Pías han realizado un esfuerzo, no siempre entendido ni valorado, por explicarle al mundo que la ciencia no es algo contrario a la fe, ni la fe puede ser relegada a un ámbito privado en la persona y la sociedad, endiosando a la ciencia, pues es algo que, vivido en profundidad y no de forma sociológica, configura a la persona entera.
Por lo tanto, el segundo error es considerar que la fe se reduce a una serie ritos, creencias (como mucha gente cree o manifiesta en la religiosidad popular), mandamientos o preceptos que hay que asumir y/o cumplir. Es mucho más. La fe es una experiencia, una forma de entender al ser humano y de entender el mundo apoyado en un Dios que es Amor y que nos ha creado para que vivamos en este mundo. Un Dios que nos ha regalado la creación entera, con todos sus dinamismos y que nos sigue mirando con ternura. La fe no es como “cada uno se la entiende o se la maneja” porque si fuese así no sería fe, sino que sería ideología. Ese es el tercer error: que confundimos fe con ideología, por lo tanto, “cada uno puede tener la fe que quiera” o “hay que respetar la fe de cada cual”. Pero yo digo, fundamentado en todo lo que he explicado anteriormente: si eso es así, no es fe, es ideología. La fe es la experiencia de Dios que cada uno tiene, por lo tanto, la experiencia es distinta, pero no la fe=creencia, en un Dios Amor que se nos presenta en los acontecimientos de la vida.
Finalmente, y termino, este tema no es más que la expresión de lo que vivimos hoy en día: vivimos en una sociedad en la que nadie cree, pero todos creemos a ciencia cierta en una serie de cuestiones. Aplicado a la religión cristiana, de entrada la ponemos en duda, la rechazamos e incluso, respondemos de forma visceral. Mi comentario no ataca a nadie, sino que manifiesta que el ateísmo es producto de la desinformación y de la escasa formación que muchos de los bautizados, no cristianos, tienen. Porque si tienes una buena formación en lo que el Hecho Religioso supone, es decir, la experiencia de fe que las personas tienen, puedes decir que no has tenido esa experiencia, pero no que Dios no exista. Dicho de otro modo, sin haber probado el sabor de una fruta y sin tener la oportunidad de probarla, eso me lleva a decir que dicha fruta no existe.
M.B.- cada religión es la concreción de esta experiencia del Hecho Religioso. Es la cultura, la geografía y la tradición la que presenta al ser humano una religión u otra, sin ser ninguna absoluta, pues Dios es mucho más amplio y trascendente que no puede ser encerrado dentro de ninguna de las religiones que existen o han existido.
Termino, escribo esto con mucho cariño, porque veo que seguís con muchas inquietudes sobre este tema y me siento un poco responsable, sobre todo, porque tenéis en vuestras manos a los niños de los grupos. De como entiendan a Dios, de como sean la experiencias de Dios que ayudéis a tener a estos niños, de como testimoniéis vuestra fe, dependerá el futuro de esta generación. Espero que podáis hacerlo mejor que la generación que os hemos acompañado, porque nosotros aún estamos en ello.
Un gran abrazo a cada uno.
martes, 11 de febrero de 2014 0 comentarios

SEÑOR, AUMENTANOS LA FE

Llega hasta mi este dibujo. No puedo, cuanto menos, sonreír. Para mí la fe no es sencilla, más bien me va pareciendo, con el paso de los años, un entramado de situaciones, experiencias, reflexiones, conversaciones y oraciones de lo más enrevesado. Creer es complejo, que no complicado, como lo son los grandes problemas de la física y la matemática. Porque la fe hay que actualizarla y volver a actualizar. La fe de las personas es algo vivo, cuanto más la nuestra que es una fe compartida con toda la Iglesia universal.
Es por eso que cada día me doy cuenta de la gran responsabilidad que tengo como servidor de la Palabra. Una labor apasionante, pero a la vez sagrada.
Pienso que es esto lo que Cortés quiere decirle a la Iglesia: cuidado con simplificar lo que es tan complejo que no puede ser reducido a lo más simple, a unas sencillas prácticas rituales, a un culto vacío y rutinario, a una fe sin esperanza ni alegría.
Recuerdo la petición de Pedro a Jesús: "Señor, creo, pero aumenta mi fe", una fe viva, que nos ayude a responder nuestras preguntas, a vivir con profundidad el Evangelio, a acompañar a otros en el descubrimiento de las maravillas de cada día.
 
;