lunes, 7 de septiembre de 2015 1 comentarios

Adios, doña D.

Podría contar muchas historias. Hoy quiero contar una. 
Al llegar a la parroquia, un grupo de señoras de edad se presentaron como grupo de "tercera edad". En seguida nos hicimos amigos. Yo las acompaño y ellas se dejan acompañar. Ellas hacen de abuelitas y yo hago de nieto. Y rebauticé el grupo como "grupo Santa Ana", haciendo referencia a la abuelita del Jesús. Entre ellas estaba doña D.
Delgada, siempre sonriente y atenta a todas las necesidades y personas, doña D. no se perdía ninguna de nuestras actividades. Si teníamos una misa, ella estaba en el primer banco. Si una reunión, siempre presente. Sonriendo, con sus mejores galas, apoyando, sumando... Y un día, doña D., caminando por la calle me aborda y me regala un puñado de caramelos de menta. "Yo no puedo aportar mucho" me dice, "pero le regalo unos dulces". Desde entonces no han faltado esos caramelos en mi bolsillo y en mi mesa del despacho parroquial. Y mucha gente se ha beneficiado de esos caramelos, porque después de una conversación les he obsequiado con un dulce, para alegrar la vida y endulzar lo amargo del corazón. 
Y doña D. vivía sola. Con 82 años vivía en un pequeño cuartito alquilado. Y con nueve hijos, la mayoría de ellos viviendo en el extranjero, ninguno la atendía. De vez en cuando se echaba a llorar cuando hablábamos y me contaba la pena de ser madre de tantos y ser olvidada por ellos. "Solo mi nieta me visita", y un día me la presentó. Una gran pena cubría su rostro lleno de lágrimas al compartir que la soledad constantemente estaba mordiéndole el corazón. En la parroquia, y en el grupo de abuelitas, ella encontraba el consuelo y la alegría en el compartir.
Por eso, doña D. había acogido muy dentro al Señor. Y su sonrisa no la abandonaba nunca, salvo cuando hablaba de su gran pena. Por eso iba al mercado y repartía entre los pobres lo que podría. Por eso me daba dulces, ella que tanto sufría por la ausencia de los suyos, quiso endulzar mi vida con lo poco que tenía; y ¡qué bien me sabían esos caramelos de menta! 
Hoy, doña D. ha fallecido. Y me siento triste. 
Adiós, doña D. Descansa en paz junto a Dios, tu papá. Junto a aquel que te quiso desde siempre y que siempre estuvo contigo. Adiós, doña D. y protégenos desde el cielo. Y gracias, muchas gracias, por recordarme tantas cosas, pero especialmente te agradezco tus caramelos de menta, que tanto bien me han hecho. Reza por mí, yo lo haré por ti.
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Se llamaba Aylan y tenía tres años...


Hace unos días las redes sociales fueron inundadas con una fotografía: un niño tumbado al borde del mar. Un pequeño que parecía dormido, un diminuto ser humano. La noticia nos hablada de una realidad sufriente de nuestro mundo, una guerra en Siria, su país natal. Un conflicto que obligó a su familia a salir de su país para buscar tierras menos crueles donde crecer y ser feliz. Pero el mar tuvo otros planes y se llevó al pequeño Aylan. El mar es así. 

Montones de otras fotos han seguido a esta primera, y no solo fotos. Artistas de todo tipo han inmortalizado este acontecimiento, cada cual a su estilo, pero todos reflejando la tragedia. Y me pregunto tantas cosas que no soy capaz de ordenarlas en mi mente y en mi corazón. 
Siempre aparecen los "por qués", pero en esta ocasión también me pregunto por mi, nuestra, postura frente a estas realidades. Podemos indignarnos, crear una campaña de protesta o de solidaridad, pero después ¿qué queda? Poco nos queda. Pasamos a otra cosa, como si de una "moda" se tratara. Hoy nos indignamos por esto, pero mañana seguimos en lo de siempre. Nuestra vida no cambia absolutamente en nada.

Por eso hoy quiero gritar bien fuerte el nombre de este niño, que simboliza a todos los niños y niñas que diariamente sufren y por los que no debemos parar de preocuparnos. Unos sufren los desastres de la guerra, otros la indiferencia de los adultos, otros son victimas de las pasiones y egoísmos de las personas... Y algo dentro de mi se rebela contra esta injusticia. Por eso sigo pensando que hay que apostar por la infancia y la juventud, para que esto no ocurra, pero cuando ocurra, mi y tu vida, no siga igual. No nos cansaremos nunca de defender la dignidad de las personas, especialmente de los pequeños.

Pienso en aquel policía, y en como aquel día cambió su vida al tener que recoger el cuerpo de Aylan en sus brazos y liberarlo del mar.





miércoles, 8 de abril de 2015 0 comentarios

En vida o muerte, somos del Señor...

¡FELIZ RESURRECCIÓN!
 
 Y feliz vida, feliz alegría, feliz celebración. Acabamos de comenzar el tiempo de la Pascua, y no puedo dejar de escuchar en mi mente esta canción. Porque si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Queridos amigos, en este tiempo de la Pascua demos gracias por la suerte que tenemos de saber que hay un Dios que nos ama y que ha dado su vida por nosotros. De esta forma, ¡todos hemos sido salvados!. Salvados de nuestras miserias y debilidades; y de lo más triste: la muerte. Somos hijos de un mismo Dios, que nos ama y que nos ha regalado tanto, que en la vida y en la muerte somos del Señor (Rom 14, 8). 
Que este tiempo de Pascua sea de verdadera y profunda alegría. Que podamos compartirla con los que tenemos cerca y que la llevemos a donde se necesite una sonrisa. Porque ¡Cristo ha resucitado! y vive en tí y en mí. Llevemos esta Buena Noticia a donde nos encontremos y hagamos de este tiempo pascual un tiempo de celebración.
lunes, 6 de abril de 2015 0 comentarios

Viviendo la Pascua 2015


La primera vez que celebré la Semana Santa de una forma "diferente" tenía 18 años. Fue en una "Pascua Juvenil" en unos pueblos pequeños y algo perdidos de mi tierra natal. Desde entonces no he dejado de celebrar esos días tan importantes dentro de una "Pascua Juvenil". Ni siquiera el año pasado, que en principio iba a ser una Semana Santa romana y vaticana, finalmente no lo fue y regresé a vivir con intensidad la pasión, muerte y resurrección con los mios. Este año, al comenzar la Cuaresma y debido a la misión que desempeño actualmente pensé: este año será un año "formal". Pero el Espíritu tenía otra cosa pensada. De nuevo, "Pascua Juvenil". 
Y es que un escolapio no puede estar lejor de los jóvenes. No podía ser de otra forma. Me alegro de estos días vividos en compañía de mi comunidad, religiosa y parroquial. Me siento bendecido por muchas cosas, y en especial por estos momentos de "coincidencia", en la que el Señor continúa sorprendiendome, a pesar de mi pequeñez y de mi inexperiencia. 
Gracias, Señor, por todo lo regalado en estos días de Semana Santa 2015.
martes, 24 de marzo de 2015 0 comentarios

En tiempo de elecciones...

Estamos en tiempo de elecciones. Tiempo de promesas, de amistades interesadas y de sonrisas forzadas. Es tiempo de interesarse por los demás, de sus necesidades, de sus problemas, de sus tristezas y de sus esperanzas... Y es tiempo de promesas. La vida se torna en este tiempo en propagandas y discursos, que tienen infinidad de colores y de matices. Es un tiempo interesante si no llegase rápidamente el tiempo del olvido. Ya se sabe que "el hombre promete y promete hasta que..." consigue su objetivo. Después todo y todos somos prescindibles. Pasado este tiempo llegará el tiempo del gobierno para el pueblo pero sin el pueblo. Y es que el ser humano tiene una curiosa capacidad para saber que es lo que los otros necesitan y, de repente, erigirse en salvadores del mundo y lideres que desean arrastrar grandes masas. O ese es el objetivo. Todo gobernante desea ser admirado, temido y respetado, pero se olvida que lo más importante: que gobernar significa olvidarse de sí mismo y poner el interés común por encima de todo, incluso de las ideologías e intereses personales. El liderazgo no reside en la persona que ostenta el poder y lo ejerce "por el bien de todos"; sino en la que es capaz de situarse al lado de la gente, escuchar a las personas y tomar decisiones que liberen y que mejoren la vida y la sociedad. Eso fue lo que prometieron, pero cuando llega el momento prima más el miedo a perder ese respeto, o más bien el poder, que la coherencia y el honor personal. 
Sueño con un mundo en donde nos escuchemos y acompañemos. Con una estructura donde no estén "los otros" y "los mios", donde no se manifieste la división sino la unidad. Donde los otros no sean contemplados como los malos porque no son de los mios que, naturalmente, son los buenos de la película. Sueño con un gobierno en donde los líderes dejen paso y espacio a otros cuando se agoten las ideas y las fuerzas y en donde se ejerza una verdadera oposición leal, sin rencillas personales ni proyecciones de heridas o traumas psicológicos. Sueño con una estructura en donde no se aparte a nadie porque piensa diferente o porque tiene éxito y "me puede hacer sombra". Ojalá, un día, mis sueños en este aspecto, se puedan hacer realidad.

"Líbranos, Señor, de los salvadores del mundo,
de las personas que desean gobernarnos "por nuestro bien".
Danos, Señor, líderes que sean capaces de escuchar y de acoger, 
de anteponer el bien de todos,
especialmente de los más débiles,
y de olvidarse de sí.
Danos, Señor, líderes que vivan en la verdad, el honor y la lealtad,
que trasmitan confianza y que respeten la diversidad y sepan acoger.
Que no busquen tanto ser recordados,
sino trabajar por mejorar y hacer crecer a las personas."
Amén.
 
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