martes, 18 de marzo de 2014 0 comentarios

CREENCIA E INCREENCIA, ¿EN QUÉ CREES?

Me gustaría compartir una carta abierta, a unos amigos, pero que puede ayudar a reflexionar juntos sobre un tema de actualidad: creemos y ¿en qué creemos?

Por otro lado, quisiera que reflexionaseis sobre la siguiente cuestión: parece que si cualquiera habla de estos temas, ha de ser respetado, pero si lo hace un sacerdote, entonces pensamos que nos quiere comer la cabeza, nos quiere engañar, suena a rancio y trasnochado. Quisiera que mis palabras las leas desde la siguiente óptica: escribe un creyente que se ha formado durante muchos años en estos temas y tiene una titulación universitaria superior que lo avala. Además, es una persona que ha dado suficientes muestras de tolerancia y respeto y lo sigue haciendo.
En primer lugar: el lema de los escolapios es “Piedad y Letras” es decir, “ciencia y fe”. Este es el lema y el sentido último y profundo de todas las Escuelas Pías, fundadas por Calasanz en plena contrarreforma de la Iglesia. Recordemos que en todo el mundo, en ese turbulento siglo XVII, se estaba dando un movimiento de reorganización social de los estados producido por la reforma protestante realizada por Lutero. El concilio de Trento promovió una serie de respuestas institucionales dentro de la Iglesia, y por lo tanto, en la sociedad de entonces (recordemos que en esa época Iglesia y Estado estaban íntimamente unidos). Una de ella promueve la formación del clero. Hasta esa época, la mayoría de los cristianos lo eran por efecto sociológico, es decir, el estado era cristiano y todos los ciudadanos también, pero no por convencimiento o fe, sino por inercia y/o imposición. Este efecto lo seguimos padeciendo en países como el nuestro: todos, o casi todos, somos cristianos porque es una tradición en nuestra sociedad. Pero ya sabemos que estar bautizado (ser cristiano) no es necesariamente ser cristiano. Esta es el primer error que muchos cometen. Piensan que por el hecho de estar bautizados ya están capacitados para hablar de catolicismo y religiones, sobre todo porque piensan que la religión cristiana se reduce al contenido de las catequesis que recibieron de niños. Esto lo digo muy en serio: a lo largo de mi vida he tenido que dialogar con personas que, de una forma visceral en algunos momentos, me discutían elementos nucleares de la fe argumentando tesis sacadas de los libros de texto de la catequesis de la primera comunión o de lo que se “dice y se comenta” en las tertulias de sobre mesa de muchos hogares. Por lo tanto, no todos los bautizados son cristianos y no podemos tratarles de esta forma; ni todos los bautizados tienen una formación mínima y rigurosa en su propia fe.
Es segundo lugar, esta contrarreforma de Trento tiene una concreción en el renacimiento de la ciencia. Digo renacimiento de la ciencia, porque ya en época griega, muchos filósofos eran grandes científicos. Esto, históricamente tiene un efecto en la sociedad que, falta de formación, ve peligrar sus creencias. La teoría evolutiva atenta contra el relato de la creación del génesis, por ejemplo. Pero cualquier persona formada sabe que el relato de génesis es una metáfora de la creación y que la teoría de la evolución no puede negar que para el surgimiento de la vida hubo de incurrir un elemento para el que no hay explicación científica, producto de un efecto “sobrenatural” es decir: no explicable empíricamente.
En este ambiente, las Escuelas Pías intentan ser testimonio que la ciencia y la fe son compatibles. La fe es razonable, es decir, contiene unos elementos que la explican (por qué creemos en Jesús, como entendemos a Dios como Trinidad, cual es la concepción del ser humano, como es la relación entre Dios y el ser humano…) todo ello es explicable. Y por otro lado, como la ciencia nos ayuda a entender la naturaleza, el mundo que nos rodea y como funcionan las dinámicas naturales. Desde el inicio, las Escuelas Pías han realizado un esfuerzo, no siempre entendido ni valorado, por explicarle al mundo que la ciencia no es algo contrario a la fe, ni la fe puede ser relegada a un ámbito privado en la persona y la sociedad, endiosando a la ciencia, pues es algo que, vivido en profundidad y no de forma sociológica, configura a la persona entera.
Por lo tanto, el segundo error es considerar que la fe se reduce a una serie ritos, creencias (como mucha gente cree o manifiesta en la religiosidad popular), mandamientos o preceptos que hay que asumir y/o cumplir. Es mucho más. La fe es una experiencia, una forma de entender al ser humano y de entender el mundo apoyado en un Dios que es Amor y que nos ha creado para que vivamos en este mundo. Un Dios que nos ha regalado la creación entera, con todos sus dinamismos y que nos sigue mirando con ternura. La fe no es como “cada uno se la entiende o se la maneja” porque si fuese así no sería fe, sino que sería ideología. Ese es el tercer error: que confundimos fe con ideología, por lo tanto, “cada uno puede tener la fe que quiera” o “hay que respetar la fe de cada cual”. Pero yo digo, fundamentado en todo lo que he explicado anteriormente: si eso es así, no es fe, es ideología. La fe es la experiencia de Dios que cada uno tiene, por lo tanto, la experiencia es distinta, pero no la fe=creencia, en un Dios Amor que se nos presenta en los acontecimientos de la vida.
Finalmente, y termino, este tema no es más que la expresión de lo que vivimos hoy en día: vivimos en una sociedad en la que nadie cree, pero todos creemos a ciencia cierta en una serie de cuestiones. Aplicado a la religión cristiana, de entrada la ponemos en duda, la rechazamos e incluso, respondemos de forma visceral. Mi comentario no ataca a nadie, sino que manifiesta que el ateísmo es producto de la desinformación y de la escasa formación que muchos de los bautizados, no cristianos, tienen. Porque si tienes una buena formación en lo que el Hecho Religioso supone, es decir, la experiencia de fe que las personas tienen, puedes decir que no has tenido esa experiencia, pero no que Dios no exista. Dicho de otro modo, sin haber probado el sabor de una fruta y sin tener la oportunidad de probarla, eso me lleva a decir que dicha fruta no existe.
M.B.- cada religión es la concreción de esta experiencia del Hecho Religioso. Es la cultura, la geografía y la tradición la que presenta al ser humano una religión u otra, sin ser ninguna absoluta, pues Dios es mucho más amplio y trascendente que no puede ser encerrado dentro de ninguna de las religiones que existen o han existido.
Termino, escribo esto con mucho cariño, porque veo que seguís con muchas inquietudes sobre este tema y me siento un poco responsable, sobre todo, porque tenéis en vuestras manos a los niños de los grupos. De como entiendan a Dios, de como sean la experiencias de Dios que ayudéis a tener a estos niños, de como testimoniéis vuestra fe, dependerá el futuro de esta generación. Espero que podáis hacerlo mejor que la generación que os hemos acompañado, porque nosotros aún estamos en ello.
Un gran abrazo a cada uno.
martes, 11 de febrero de 2014 0 comentarios

SEÑOR, AUMENTANOS LA FE

Llega hasta mi este dibujo. No puedo, cuanto menos, sonreír. Para mí la fe no es sencilla, más bien me va pareciendo, con el paso de los años, un entramado de situaciones, experiencias, reflexiones, conversaciones y oraciones de lo más enrevesado. Creer es complejo, que no complicado, como lo son los grandes problemas de la física y la matemática. Porque la fe hay que actualizarla y volver a actualizar. La fe de las personas es algo vivo, cuanto más la nuestra que es una fe compartida con toda la Iglesia universal.
Es por eso que cada día me doy cuenta de la gran responsabilidad que tengo como servidor de la Palabra. Una labor apasionante, pero a la vez sagrada.
Pienso que es esto lo que Cortés quiere decirle a la Iglesia: cuidado con simplificar lo que es tan complejo que no puede ser reducido a lo más simple, a unas sencillas prácticas rituales, a un culto vacío y rutinario, a una fe sin esperanza ni alegría.
Recuerdo la petición de Pedro a Jesús: "Señor, creo, pero aumenta mi fe", una fe viva, que nos ayude a responder nuestras preguntas, a vivir con profundidad el Evangelio, a acompañar a otros en el descubrimiento de las maravillas de cada día.
miércoles, 27 de noviembre de 2013 0 comentarios

CALASANZ, PATRÓN DE LOS EDUCADORES

Celebramos estos días a Calasanz como patrón de los maestros, profesores, educadores, catequistas, monitores cristianos... Celebramos al hombre que tuvo la valentía suficiente para comprometerse por la creación de un mundo mejor a través de la educación integral de los niños, especialmente de los más pobres. Celebramos el nacimiento de la primera (sí, la primera) escuela pública, para todos, y gratuita. 
Después vendrán otros que seguirán en esta línea, profundizando sobre esta intuición, sobre la metodología, especializándose y diversificando... pero todo tiene un principio: Calasanz. 
Pienso en estos días en las reformas educativas, aquí en Bolivia también tenemos de eso. Y mirándolas pienso que a cual más pésima, que cómo es posible que estén tan alejadas de lo que realmente necesita la escuela, los niños y los maestros. Ideología es lo que venden, en forma de ley de educación. Pero nadie se atreve a alzar la voz, por este pudor de señalarse, de presentarse contrario frente a las corrientes falsamente progresistas que están inundando nuestro planeta, pero que en el fondo es una forma de totalitarismo encubierto: la dictadura del progreso, del adelante pese a quien le pese, dejando atrás a quien no pueda seguir el paso. ¿Y mientras? miles de niños no aprenden, no se forman, abandonan tradiciones y valores ancestrales como el respeto, el trabajo, la responsabilidad, la verdad, lo absoluto... y el postmodernismo impera por todos lados. 
¿Hacia dónde caminamos? Hacia un nuevo amanecer, hacia el nacimiento de un nuevo Calasanz, cada vez más encarnado, cada vez más centrado en las necesidades del niño y de lo que puede aportar al mundo con su vida y sus valores. Es por eso, escolapios, que no nos dejemos vencer por el desánimo. Seamos creativos y capaces de encarnar en nuestro contexto, en nuestra tierra, esos valores calasancios tan de siempre. Hagamos vida nuestra propia ideología: centrada en lo mejor para los niños y jóvenes y para la mejora de la vida de las  personas, especialmente los pobres y los que no tienen nada. Porque hoy, como en Roma en 1597, nadie está ocupando este lugar. Nadie trabajará por nosotros.
jueves, 14 de noviembre de 2013 0 comentarios

MANOS ABIERTAS

Desde que llegué me sorprendieron mucho las manos de la gente. Unas manos muy distintas a las que he contemplado hasta ahora. Son unas manos trabajadas, pero dispuestas siempre.
Las manos de los varones son unas manos encallecidas, arrugadas, ásperas. Unas manos de anciano aunque la persona a quien pertenezcan tenga pocos años. Unas manos en las que los dedos están un poco deformados de tal forma que, al estender la mano, se convierte en un pequeño recipiente. No estira más. Son manos que se han forjado en el trabajo, agarrando herramientas que van arrancando de la tierra los productos, papas, con los que van subsistiendo. 
Las manos de las mujeres están pulidas. Deformadas al igual, esta vez se unen al trabajo con las herramientas del campo las tareas de limpieza. Agua, detergentes, estas manos se han ido puliendo al compás de la limpieza de ropa y utensilios de cocina. Manos en donde no se perciben ni siquiera las líneas de la providencia. 
¿Cómo me he dado cuenta de ello? De nuevo en la eucaristía. Al repartir la comunión, al compartir el cuerpo de Jesús con mis hermanos, me encuentro con estas manos, manos de creyentes, de trabajadores incansables. Manos que acogen, con humildad, al Salvador, manos que acarician con ternura, a pesar de su aspereza. Manos que se entregan al Señor. Recuerdo la letra de una canción con la que rezo hoy, las manos de Dios:

Saberme y sentirme en tus manos,
manos que saben dónde van,
manos que sienten lo que vivo,
manos que acogen sin juzgar.
miércoles, 13 de noviembre de 2013 2 comentarios

"NO SOY FELIZ"...

Los que me conocen saben que me gusta ir haciendo una lectura creyente de la realidad. Me gusta ir rezando con lo cotidiano y poner delante de Dios lo que voy viviendo y las experiencias que voy teniendo. Por eso, la eucaristía es un momento en el que me siento profundamente en conexión con Dios, a través de su Palabra y de la realidad cotidiana. En muchas ocasiones me he visto sorprendido por la Palabra que, "casualmente", ilumina la realidad de forma increíble. Ayer viví uno de estos momentos, de forma sorprendente e inesperada. Celebrando la eucaristía con los niños y niñas de 4º de primaria del "Stefano Hotellier", celebrando que algunos ya han hecho su primera comunión y, para evitar que sea la última, compartimos entre todos la homilía. Los niños siempre dicen cosas interesantes y profundas, sobre todo ante el pasaje del Evangelio en el que Jesús pone a los niños en el centro y dice que son los más importantes en el Reino de los Cielos. Ante los piropos que les estaba echando, una niña, muy seria y mirándome directamente a los ojos me dijo: "yo no soy feliz". Llevado por el momento, le pregunté en que consistía su infelicidad. Pensé que estaría enfadada con alguna amiga, le iría mal en clase, habría ocurrido alguna desgracia en casa... Pero ante mis preguntas, un poco disimuladas, porque todos los demás estaban escuchando, la niña insistía con la misma frase: "no, no soy feliz". 
Cuando terminó la celebración la busqué y le pregunté, sin mucho éxito. Me dejo plantado y no respondió a mis preguntas. Finalmente lo supe: una situación familiar muy, muy difícil. Esta niña, de apenas 7 años, no es feliz por eso.
Evitado emitir ningún juicio, me toca enormemente el corazón. ¿Cómo es posible? Fue un jarro de agua fría que me hizo poner los pies en la tierra y descubrir al tristeza de los niños, la infelicidad en la que muchas veces viven. Algunos adultos expresan en voz alta: "ojalá volviera a ser niño, porque ellos no tienen problemas". Y yo me pregunto: ¿es eso cierto? Porque si lo fuese, no existiría una niña que te dice directamente, sosteniendo tu mirada: "no soy feliz".
 
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